Ese algo parecido era lo que observaba Jean-Paul Nerrière cada vez que acudía a un simposio o a un congreso, desde Estados Unidos hasta Asia. Cuando los compromisos de trabajo le permitían volver a su casa, en París, este ex directivo de IBM le daba vueltas al asunto. ¿Por qué se entendían mejor un mexicano y un chino que un chino y un estadounidense? ¿En qué idioma se dirigían los unos a los otros? Un día decidió por fin acuñar (y proteger mediante las leyes de propiedad intelectual) la palabra globish, una fusión de los términos global e inglés (english) que pretende resumir una filosofía de comprensión mutua universal. "El globish es el inglés que se habla comúnmente en Estambul o en Montevideo", explica Nerrière en conversación telefónica desde Francia. En una definición más técnica, es "una estructura reflexionada y organizada de inglés que se pone limitaciones a sí misma, digamos que no se utilizan más de 1.500 palabras", prosigue. Vocabulario básico y sintaxis más amable, para entendernos. ¿Acabará con toda una cultura y una tradición de enseñanza?
Se tratará, según dice, de una especie de "dialecto" del siglo XXI que encuentra sus orígenes en un cambio de la conciencia geopolítica internacional. Algo que hace que ahora el inglés y su cultura se perciban como valores disociados de toda herencia colonial. El llamado complejo imperialista, al menos en el mundo occidental, ha desaparecido. Como decir: "Anímese, el inglés es un patrimonio de todos, tanto de los que han nacido en Boston como de los que se han criado en Estambul"."
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